El lugar donde nos criamos y nuestras vidas


Foto de Robert Collins en Unsplash

Todos venimos de entornos diferentes y siempre se ha dicho que este nos moldea, limita o inclusive que marca nuestro futuro, lo cual no comparto al 100%, ya que, de ser así, yo viviría en el pueblo donde me crié, trabajaría en un supermercado y tendría varios hijos (No es que estuviera mal); asumamos que fue el espíritu de superación lo que marcó la diferencia… Puede ser también, pero son los padres y la motivación que ellos imprimieron con regaños, consejos y en nuestros tiempos, uno que otro cuerazo oportuno, lo que ha hecho de nosotros hombres y mujeres de bien.

Todo esto dentro de casa, pero ¿qué pasaba con los niños durante las vacaciones de los años 80´s cuando cambiaban el entorno de la barriada o el edificio donde vivían en la ciudad? Las dinámicas en cada uno de estos espacios eran diferentes, ya que los que vivían encerrados ir al río, la finca o trepar árboles era lo más divertido que podíamos hacer; bueno, yo que vivía rodeado de la naturaleza, me encantaba agarrar una lata, echar unas pepitas de marañón y encender unas ramitas, para luego pelar las pepas y comerlas calientitas.

Suerte la mía fue tener primos en la capital, así que les visitábamos y entre paseítos al Parque Omar y

Foto de Santi Vedrí en Unsplash

salidas esporádicas entre semanas con mi tío, lo que quedaba era jugar en el balcón con las naves de Star Wars que mi primo tenía, ver televisión y pelear con mi tía; había que bañarse dos veces al día, comer el bacalao y coditos con cebolla, los cuales no me gustaban.

Ya en la etapa juvenil, mis tíos se mudaron a una barriada que apenas estaba en construcción; montábamos bicicleta por todos aquellos espacios que hoy colindan con el Corredor Sur; nos metimos en las alcantarillas vacías y en la tardecita hablábamos en la acera hasta que mi tío silbara a eso de las 7:30 p.m. Esas fueron mis vacaciones en la ciudad, pero cuando mis primos llegaban a Boquete las reglas eran otras y “mandábamos” nosotros.

Mi hermana mayor era la encargada del regimiento mientras mis padres no estaban; en las mañanas como el agua salía muy fría, hicimos una competencia para ver quien pasaba más días sin bañarse; armábamos juegos con troncos y maderas, íbamos a la finca a cosechar naranjas, hortalizas y café, pero también teníamos responsabilidades; había que cortar la grama, alimentar a los gatos y perros, botar la basura, etc.

Para mi hija la realidad es otra. Hoy recuerdo aquellos tiempos y me da tristeza ver que en la barriada donde vivimos los niños no salen a jugar, no hay posadas navideñas, ni culecos en carnavales, tampoco hay árboles que trepar y mucho menos ríos donde bañarse; en mi edificio casi no conozco a los vecinos y el jardín de juegos para los niños está más triste que nunca.

Así viven nuestros hijos hoy, encerrados en las mismas 4 paredes que les obligan a matar el tiempo pegados a un dispositivo frío, sin filtro, ni supervisión, en donde ven mucho y hacen poco, el cual les hace creer que lo saben todo, pero que cuando se enfrentan a la realidad se frustran y así es como poco a poco se les clava en la mente y el alma la frase ¡¡¡NO PUEDO!!!

Pero ¿sabes?, esto puede cambiar y depende de ti y de mi… Solo es cuestión de agarrar a nuestros hijos sin dar mayores explicaciones, contarles nuestras historias, observar sus reacciones o sentarse junto a ellos, afuera a ver los talingos o tirar piedras a un tanque y adivina, solo tienes que dejar el celular a un lado y regalarles tu tiempo para conocer su mundo y así romper esa burbuja donde les criamos.

Abdiel Barroco

Fundador de Arkalab

Creador de contenido en Educación Divertida

Panamá - Tlf: +507- 6747-0046

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